domingo, 17 de septiembre de 2017

"Las cosas que pasan con el cuerpo de las mujeres, es un error minorizarlas, es un error empujarlas al campo de la intimidad, consideradas como residuos de la política. Es indispensable que veamos lo que nos pasa a las mujeres como termómetro de los tiempos, como una forma de diagnosticar la fase de la economía por la que estamos atravesando y la crueldad creciente, no solamente en la manera de dar muerte, la crueldad moral con la violación, sino también la manera de despachar los cuerpos, de dejar los cuerpos en basureros, en bolsas de basura.

Son todas formas que están en aumento y que tienen que ver con una pedagogía, o sea enseñar el desprecio a la vida y enseñar a la gente que estamos en un mundo de cosas, donde las cosas dominan la vida y donde los cuerpos son cosas… y las cosas no sienten. Aprender a no sentir, aprender a no sufrir, aprender a soportar el dolor, que es una característica de todos los entrenamientos militares, el callo del cuerpo, soportar el dolor del cuerpo propio y después ser absolutamente insensibles al dolor ajeno es indispensable para esa fase, es una pedagogía necesaria en una época en que la personalidad modal, la personalidad más funcional de todas a la economía de la época (que es una economía de dueños), es la personalidad no empática; donde el otro es cosa, donde el otro es instrumento para algo, donde la persona es incapaz de ponerse en el lugar del otro.

En un mundo como este, en donde la acumulación traspasó todos los limites la premisa es: necesitamos una gente que pueda matar, que pueda ser matada y para la cual la vida valga muy poco, donde la crueldad no signifique mucho, que esté acostumbrada a un paisaje donde la crueldad es parte natural del ambiente."

-Rita Segato "Contra-pedagogías de la crueldad"

sábado, 3 de junio de 2017

Bajo una estrella

Perdona, azar, que te llame necesidad.
Perdón, necesidad, si al tenerte me equivoco.
Perdonen, difuntos, que apenas los recuerde.
Perdón, tiempo, por todo lo que se me escapa en un segundo.
Perdóname, viejo amor, que el nuevo me parezca el primero.
Perdónenme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonen, heridas abiertas, que acabe de pincharme
el dedo.
Perdónenme los que claman desde el abismo por
escuchar ese disco de minueto.
Perdónenme, los que corren en las estaciones, por quedarme
dormida al amanecer.
Perdón, esperanza azuzada, porque a veces estalle
de risa.
Disculpen, desiertos, por no ofrecerles ni una gota
de agua.
Y tú, halcón, idéntico desde siempre, enjaulado,
que miras fijamente el mismo punto,
perdóname, aunque seas un pájaro embalsamado.
Discúlpame, árbol cortado, por las cuatro patas
de la mesa.
Perdón, grandes preguntas, por darles respuestas
fútiles.
Verdad, no me hagas demasiado caso.
Trascendencia, muéstrate generosa.
Soporta tú, misterio del ser, que no haga más que
deshilvanar tu solemne velo.
No me condenes, alma, por tenerte tan rara vez.
Todo, perdóname si no estoy en todas partes.
Me disculpo frente a todo por mi incapacidad de ser
cada uno o cada una.
Sé que mientras vivo, nada me justifica,
pues yo mismo soy mi propio obstáculo.
Lenguaje, no me tomes a mal por servirme de tus
patéticas palabras
y luego empeñarme en que parezcan ligeras.

-Wislawa Szymborska

martes, 16 de mayo de 2017

En el nombre de los recuerdos




A Juan Rulfo


Higinio lleva dos semanas desmemoriado, no se acuerda quién es y porqué está aquí con nosotros. Hay días en los que se le olvida cómo hacer la siembra, le tenemos que ayudar del diario pa´que el patrón no lo corra o le pague menos, le tenemos que ayudar porque tiene mujer e hijos. Mi papá y yo tenemos a mi mamá y a mis hermanas, nosotros somos dos aquí trabajando fuerte pa´mandarles el dinero y que coman, aunque también son dos los años que no las vemos, desde que yo tenía 8 y era un poco más chamaco. A veces me da miedo que se me vayan a olvidar sus caras y sus voces, que ya ni sepa cómo son. No sé cuándo habrá que irse de aquí pero por mientras, aquí nos quedamos, así dice mi papá.

Nadie sabe bien qué le pasó al Higinio, unos dicen que esa noche se topó con las ánimas que andan rondando estas tierras y les roban el alma a los cristianos que se encuentran, que a él le perdonaron la vida pero lo dejaron sin recuerdos, sepa porqué. Otros dicen que nomás fue que se pegó en la cabeza porque se cayó de borracho, la verdad no sabemos y él no nos sabe decir, lo único que se hizo fue ponerle alcohol en la herida y limpiarle la sangre. Dice mi papá que aunque todos los jornaleros nos hubiéramos cooperado pa´pagar el doctor no nos hubiera alcanzado, además que aquí ni hay de esos matasanos cerca. Cuando yo me enfermé de la panza el patrón le dijo a mi papá que no había cómo hacerle, que él no cubría gastos de salud y que además era nuestra culpa por andarnos tomando el agua puerca del arroyo... puerca, como la conciencia del patrón, así dijo mi papá.

Y es que aquí no hay otra agua que nos podamos tomar sin que se la cobren a uno, no hay nada que no se pague, ni siquiera la tantita calma que buscamos cuando no estamos trabajando, nos cobran hasta el rato que uno busca pa´olvidarse de que al otro día tiene que levantarse temprano a seguir la siembra de chiles y pepinos, porque es todo lo que crece aquí junto con la tristeza y los recuerdos, eso dice mi papá, que en este lugar lo que enraíza es la tristeza, los recuerdos y de a veces el coraje. 

Para estar poquito contento, uno tiene que acostarse en su lugar dentro de la casa y aunque haya mucho lodo, olvidarse y mirar el techo imaginándose cosas bonitas, cosas como que uno puede jugar donde sea sin que lo regañen, que uno tiene una cobija grandota y que su mamá lo abraza; eso hago yo porque no tengo de otra. Ya me hubiera yo cansado de correr con los demás niños por todo el terreno pero al patrón no le gustan nuestros gritos y nos cobra si encuentra algo pisoteado o quebrado.

La vez que estuve más contento fue el día que cumplí los 10 años, nos fue rete bien con la comida y hasta música hubo, nos reímos todos, bueno, todos menos el Higino que ya estaba en su cancha descansando la cabeza porque la noche antes fue que lo desmemoriaron.

Me acuerdo que esa noche el frío arreció como nunca, se me congelaron toditos los huesos, hasta ni sentía la carne, lo único que me andaba recorriendo todo el cuerpo era el miedo, anduve pensando que qué tal que a lo mejor el lodo, de tanto que ya había adentro de la casa, me tragaba completito cuando todos estuvieran bien dormidos y nadie se daba cuenta, qué tal que cuando mi papá despertara ya no me hallaba y se olvidaba de mí; así anduve piense y piense toda la noche:

-Papá, pá, apá- susurré quedito pa´que no me escucharan los otros, lo sacudí recio pa´que se despertara rápido.

-Eh, ¿qué quieres, chamaco? duérmete ya, ¡ándale!

-Tengo frío... oye, si nosotros nos vamos de aquí, si nos desaparecemos o nos morimos, ¿quién nos va a recordar?

-¿Cómo? ¿Morirnos dices? no nos vamos a morir, no seas tarugo. Además, no por nada somos dos, si yo me muriera para eso estás tú, pa´que me recuerdes, y si tú... que dios no lo va a permitir, yo te recordaría siempre, pero ya está bueno... ¡ni de broma lo digas, pues! quítate esas mensadas de la cabeza y ya acuéstate que nos va a agarrar la mañana aquí, ándale.

Mi papá se volteó y se tapó la cara con un cartón, yo me volví a acostar pero todavía tenía como una temblorina bien agarrada al cuero, cerré los ojos y me repegué más a él pa´ver si así, después de un ratito ya se iba el miedo y de paso el frío. Tal vez fueron los recuerdos, que querían apretarse conmigo pa´que nunca los soltara, que me andaban pide y pide que no los dejara.

Ese día en la mañana nos habíamos levantado tempranito a darle a la siembra, me quería apurar porque Higinio me dijo que me iba a dar un regalo por mi cumpleaños, uno que era de parte de él y de mi papá. Cuando terminamos la jornada, se fue hecho la mocha al pueblo pa´traerlo, antes de irse me dijo: -Andate listo pa´recibirlo mañana- y me dieron más ansias de saber qué era. Después de eso no lo volvimos a ver hasta en la noche, mi papá y yo apenas si empezábamos a pegar el ojo de nuevo cuando escuchamos ruidos afuera, era el señor Pedro que lo traía casi arrastrando y con su chipote en la cabeza, nos dijo que se lo encontró tirado en medio del camino junto a una botellita de tequila que ya estaba toda regada en el suelo, que también había un carrito y una playera nueva, luegito supe que esos dos eran mis regalos.

El señor Pedro le dijo a mi papá que también vio pisadas del caballo del patrón, que estaba enojado porque el Higinio ya le debía mucho dinero de las cosas que se llevaba de la tienda y no podía terminar de pagar nada, que todo su trabajo del mes no le iba a alcanzar pa´terminar de saldar la cuenta. Le dijo a mi papá que el patrón también andaba por ahí, por donde el Higinio y que se hicieron de palabras. Sepa qué fue pero al otro día el patrón nos mandó unos pollos rostizados y la música pa´festejar mi cumpleaños, fui rete feliz.

Mi papá dijo que al patrón lo rondó la culpa y que nosotros no podemos decir nada, que hay cosas que se tienen que callar, hacer como que no las sabemos pa´que no nos vaya más mal, que a veces el infierno es más profundo cuando el diablo tiene cola que le pisen, eso dijo mi papá. Yo no le entendí pero creo que ese día siempre lo voy a tener bien fresco en la cabeza. 

Extraño rete harto que el Higino me diga que le recuerdo a su hijo el mayor, extraño que me diga: ¡Cómo te me figuras a mi niño, tú Salvador! y que me traiga dulces de la tienda. Ojalá ya se ponga bueno y se acuerde de todo, ojalá que ya a ninguno nos vuelvan a desmemoriar, que no nos quiten los recuerdos porque es lo único que tenemos.



sábado, 31 de diciembre de 2016

De las despedidas

Fue un año insípido y en general trágico. Con tantas despedidas, tantas cosas sin funcionar (no sé si más o igual que en años anteriores), tantas muertes e impotencia por las mismas, la mayoría de ellas las produjo la guerra y esa inmensa mayoría de personas no fue nombrada más que en una dudosa cifra. La minoría (que no por ello menos importante) se debió a la edad, a las enfermedades y los accidentes; fue la muerte de los rostros conocidos, que al contrario de la mayoría que se llevó la guerra, se lamentó por millones en el mundo. Total paradoja, una mayoría siendo apenas vista por el mundo y una minoría siendo nombrada por todos, digo paradoja y no extrañeza porque eso pasa siempre, no sólo con las muertes. No quiero decir que no haya habido nada de esto antes pero en este año me pareció más acentuado.

Digo esto porque a fin de cuentas, la muerte también es un final pero lo que me interesa ahora es hablar de las despedidas, decir de ellas como lo último a ocurrir aprovechando que estamos en un final y además conocido por todos, es uno al que siempre volvemos los que tenemos la oportunidad de hacerlo o más bien el privilegio.

La palabra despedida viene del latín expetere que significa arrojar algo hacia afuera, apartar, dejar marchar. Siendo entonces varias cosas a la vez, una despedida no puede significar lo mismo cuando apartamos algo o a alguien que cuando se va por sí mismo o lo dejamos irse porque hay diferentes experiencias y sentimientos de por medio, por eso es que para todos la palabra tiene un significado diferente, lo que sí es igual en todo caso, me atrevo a decir, es que este acontecimiento cuesta trabajo, es difícil desprenderse para bien o para mal y tener presente que no hay nada que no termine, que no vaya a pasar y se convierta en recuerdo o en olvido.

Despedirse es marcharse o ver marchar, mirar algo o alguien por última vez antes de que regrese o no volverle a ver jamás. Es algo que tiene que vivirse con la misma intensidad con que se vive lo nuevo y lo desconocido porque la vida está plagada de ello, forma parte de, y por más incomprensible que llegue a ser uno no podría saber nunca qué habrá después de decir adiós.

Yo creo que hubo y habrá despedidas que nunca vamos a querer que lleguen pese a que sabemos que lo harán y despedidas que celebraremos, como la de hoy, la del año que hace 365 días era nuevo y ahora, después de ese tiempo se ha vuelto viejo, un viejo que tal vez no nos deja tantas experiencias buenas pero que está y estuvo para poner cercanía entre el final y el comienzo de otra cuenta de los días. 

El año que se va no será un año que extrañe, es uno del que me despido esperando que el que viene haya despedidas más gratas. 

Que haya para todos mejores despedidas y mejores comienzos el año que viene.

domingo, 3 de enero de 2016

Concurso #114 de "Las historias"

En diciembre me decidí a participar en uno de los concursos de microrrelato que el escritor Alberto Chimal lanza cada mes a través de su sitio web y obtuve un resultado no esperado. El 2016 me trajo noticias del 2015: Por primera vez en la vida, ganas algo.

Concurso 114                                 





lunes, 21 de diciembre de 2015

Sandra sólo habla en líneas generales

Donde habita, donde come, donde
parece un arenoso acantilado,
allí es un cordero de ámbar con ojos de anís
y algo acerca de la dicha sexual tiene escrito en la frente.
Luego viene lo intolerable y maligno
(tal vez su madre, su padre o su hermana),
porque como he dicho dicha digo
que la veo y no la reconozco bajo arcos de triunfo
cocinados a cuchillo,
hablando palabras de fuego sobre el Mediterráneo
(que para ella fue Tequesquitengo o no fue nada), deshaciéndose 

en fulgores sobre la soberana idiotez
de la Gioconda
(que a ella, lo sé a ciencia cierta, le pareció
una simple putita de Polanco),
bebiendo vinos rojos, besos rojos —canalla, perra—,
paseándose verdosamente, sandramente
por ciudades que no conozco y que no me importan
como no me importa ella sino porque existe
y es posible verla de lejos, de cerca,
comiendo bajo los húmedos azules de Nápoles,
viendo sin ver y hablando en líneas generales
como en un remanso de siniestra paz gastronómica.

Hace dos días con sus noches pude verla
(ella vive en las calles de Racine
y yo en Lope de Vega, lo cual es todo un drama en seis
actos)
y en sus ojos había una tormenta edénica y turbadora
como antes y después del primer pecado
—lo virginal no quita lo caliente—,
Eva maldita Eva milenaria Eva evasiva Eva exúbera
Eva general Eva particularmente deseada y detestada
Eva que sabe a postre de manzana postre de mieles
Eva que huele a café con Leche-de-la-Mujer-Amada
Eva liberada Eva que viajó por Europa
y en verdad que nunca salió de estas amargas calles
¿para qué, si sus alas son dos liras rotas
y en el Foro romano sólo discurren los homosexuales
y alguna pelirroja horizontal originaria de Brooklyn?

Esos hace dos días supe que Sandra había visto piedras
talladas
y visto pinturas en sórdidos museos
y visto a Sofía Loren de lejos, de tan lejos
como de aquí a ella, Sandra de los ojos
que brillan y rebrillan como santelmos a la mitad
del naufragio,
Sandra anónima Sandra espigada Sandra para morirse
de una buena vez
Sandra ¿por qué te llamas estúpidamente Sandra?
Sandra ojos de cordero degollado Sandra catedralicia
Sandra Santa Capilla Sandra Nuestra Señora
Sandra diabla y demonia sandrísima
que nunca me miró de frente que nunca me dijo buenas
tardes
—lo que yo hubiera querido era un buenas noches—,
Sandra fugaz heroína de un poema fugaz
como el paso de una azucena por el palacio de algo
así como un poeta.

Efraín Huerta, 21 de diciembre de 1966